Hace tiempo descubrí el evento culinario mensual, Hecho en mi Cocina, y quería participar, pero un mes por llegar tarde, otro porque no tuve tiempo de colgar mis patatas rellenas y el pasado porque para mí una calabaza no es más que eso que le daban a Zipi y Zape en vez de la bici, pues no había forma.
Cuando para el mes de diciembre La Olla Suiza, a quien copié el pan de patata, propuso como tema las recetas navideñas pensé en esperar a una mejor ocasión hasta que el frío pucelano me sugirió unas reconfortantes sopas de ajo, que no se si son navideñas pero sin duda sí un clásico en la Nochevieja.
La receta en cuestión es bastante sencilla y se la debo a un libro que regaló mi madre hace años, El Libro de la Cocina Asturiana, que me guió en los primeros tiempos de cocinilla.
Es bastante sencilla, la principal complicación es calcular las cantidades, como a mí no me divierte cocinar con medidas exactas unos días me sale mejor que otros, en realidad es a Edurne a quien le salen bien pero ella no estaba ese día y ella no tiene blog.
Empezamos por poner agua con sal a hervir y cortar unas sopas de pan duro, veis en la foto que a mí me gusta abundante y en trozos grandes, a poder ser de pan blanco, muy compacto que al cocer adquiere una textura muy agradable.
Mientras cuece doramos varios ajos picados, al gusto del consumidor, con una guindilla, o media o dos según los comensales, el frío y la sensibilidad al picante. Con la sartén fuera del fuego le añadimos unas cucharadas de buen pimentón dulce (en las recetas con pimentón siempre se insiste en que sea bueno así que yo no seré menos) y se añade al agua con pan que llevará unos diez minutos cociendo. 
Le damos un par de hervores y le añadimos un par de huevos, yo prefiero romperlos antes en un plato, batimos energicamente con la varilla, otro par de hervores y listo.
Como casi todas las cazuelas al día siguiente estarán más ricas, e irán cogiendo fuerza así que si dura más de un día podemos condurarlas añadiendo un poquito de agua.
Feliz lo que sea que celebremos