Pese a la aparente desidia respecto a mi diario público no quiero faltar a la cita mensual con la cocina, la que convoca Hecho en mi Cocina y que este mes ha tenido como tema el pollo. Dos sencillas recetas, más una que la otra, de excelente resultado, la primera de mi autoría, la segunda cocinada por mi partenaire, por la chavala, vamos por mi señora, la mi moza, por Edurne, ¡coño!.

Los chaparritos vienen a ser lo que en el madonals llaman nujets, sólo que ellos sustituyen el pollo por cartón. El nombre lo tomamos prestado del restaurante vecino Casa Manolo, que así llama a unos pedazo ni muy grandes ni muy pequeños de pechuga de pollo empanados. En el caso retratado batí un par de huevos junto con sal y una cucharada de buen pimentón dulce, como ya he mencionado en alguna ocasión en las recetas con pimentón es importante destacar que debe ser bueno, los trozos de pollo fueron saltando de la harina al huevo al pan rallado al aceite muy caliente y una vez doraditos al papel de cocina. En el plato se les sorprendió en compañía de unas setas a la plancha y unas patatas de bolsa, no había tiempo para freirlas pero las marca Santa Ana son estupendas.

Las longanizas aviares responden a mi escaso ingenio para bautizar platos, se asemejan a algo que vimos un día en todos contra el chef, el programa que tanta presunción ha perdido en esta nueva temporada. El relleno puede ser el que ustedes prefieran, en esta ocasión fue cebolleta y pimientos, cosa más sosa, se saltea la verdura mientras se disponen las pechugas sobre un papel film, se puede probar a ordenarselo o a colocarlas manualmente, en esta ocasión seguro que la primera opción fue eficaz. Pones la verdura sobre la pechuga, una salsa si quieres, la eché de menos, y formas un rulo anudando o atando, según tu habilidad, los extremos para formar un embutido similar al de la foto. Se cuece el papillote un tiempo prudencial para que el interior no quede crudo. Puedes comerlo en el momento o reservarlo para el día siguiente porque lo único que falta es desembalarlo, pasarlo por harina y dorarlo para que quede crujente por fuera. El compango en esta ocasión fue el arroz y los tallarines chinos que nos habían sobrea el viernes.
PD. ¿Os he dicho alguna vez que me gustaban mucho los matrimonios de PepeLuí Moreno?, sobre todo Avelino y señora.